
Vesuvio y morriña
La columna del sábado sobre el cierre de El Vesuvio ha provocado reacciones de toda naturaleza, en especial de capitaleños nostálgicos que durante décadas disfrutaron en familia de un exquisito menú italiano en ambiente distinguido, familiar, de respeto, donde hasta los mozos más que sirvientes eran amigos…
… Es que el tráfago cotidiano nos hace perder los detalles del entorno que se nos transforma en nuestros propios ojos sin darnos cuenta siquiera, y cuando venimos a ver estamos en otra ciudad y entre otras gentes. Justo lo que nos ha pasado en las últimas dos décadas.
Carmenchu Brusíloff –que digo es la más completa y culta periodista dominicana de todos los tiempos, sibarita y trotamundos de alta gama- -, no necesitó más que este parrafito para describir su sentimiento sobre el cierre de El Vesuvio: “Hola César! Como dicen en Galicia, me ha entrado morriña, al leer que cerró el Vesuvio. Me hizo recordar especialmente mis años juveniles. En ese entonces era para muchas amistades un punto de reunión por las tardes en fin de semana. Y era el restaurante donde la familia almorzaba los domingos. El desarrollo a veces se lleva de encuentro lugares entrañables… Cariños, Carmenchu”.
… La familia Selman
Eduardo Selman también sintió gran nostalgia al enterarse del cierre del emblemático restaurant del Malecón. He aquí su cartita: “Querido César: Acabo de leer tu columna de hoy.
Sólo te escribo para decirte que, como de costumbre, siempre traes temas del momento, y sin ser político te refieres a un aspecto social de nuestra capital.
“Tienes toda la razón: los Bonarelli se hicieron presentes en nuestro mundo a través de El Vesuvio y la partida del mismo inevitablemente deja profundos recuerdos y un vacío sensible a nuestra ampliada sociedad capitalina.
“Mi intención al escribirte es solidarizarme con tus criterios, ya que nuestra familia con la familia Bonarelli tiene casi la misma edad que El Vesuvio y una cercana relación entre hermanos.
“Y también para aclararte que los restaurantes Mitre y Bottega Fratelli son propiedad y administrados por los hijos de Gaetano y Rossanna y no por los de Pepino y Rossi, quienes están sumergidos en sus respectivos negocios de comida rápida, bebidas y productos de madera, cada hijo con su respectiva responsabilidad.
“Lo importante es que la descendencia de Don Annibale y Doña Inmaculada no sólo ha procreado una sucesión familiar dominicana, sino también un ejemplo laborioso y decente en nuestra sociedad, incluyendo a las hembras, María y Rosario… Abrazos, Eduardo”.
¿… Errores? ¡Muchísimos!
Claro que salieron imprecisiones importantes en los detalles sobre la familia Bonarelli: Enzo, Peppino, Gaetano (Etano); faltaron las dos más importantes, las hembras: María y Rosario, como bien lo observa Eduardo Selman.
Pero estaba lo fundamental, que es el valor de esa familia, la seriedad y bonhomía de don Annibale, y lo que significa para dos generaciones de capitaleños el cierre de El Vesuvio.
Una tercera carta de las tantas que he recibido sobre el tema, me hace correcciones aún más de fondo, pero inobserva que aunque ciertamente El Vesuvito cambió de nombre, no cerró sino por un espacio muy breve para ser remodelado.
Acojo la misiva de Luis Heskey: “Buen día, don César: Muy certera su columna acerca del Restaurant Vesuvio. Su declinación venía ocurriendo desde hace un poco más de dos años; la última vez que estuve ahí fue en el 2014 y aquello ya no era lo que fue.
“Quiero señalarle un pequeño error: El Vesuvito cerró primero, estuve ahí también en el 2014 para la celebración de la graduación de bachiller de una de mis hijas, en agosto, y cuando quise volver en diciembre del mismo año, ya estaba cerrado… Su lector y seguidor, L. Heskey”.
listin diario


