
Anónimo dominicano
Se puede aceptar que el anónimo pertenece a un género literario cuyo constructor persigue comunicar una situación capaz de desacreditar e influir en el ánimo de una persona o grupo, mediante la utilización de vocablos persuasivos, capciosos y con dosis de crear pánico, temor o terror. Quien utiliza el medio comunicacional bajo el formato de un anónimo, procura evitar que se conozca su verdadera identidad. Para llevar a cabo su propósito, lo primero que trata de ocultar, dentro de sus generales, es el género (si es hombre o mujer) al cual pertenece. La segunda fase es, cómo hacer llegar la comunicación y que la misma sea recibida por quien haya sido seleccionado como el objetivo para su difusión. Si quien recibe el anónimo está enterado de la procedencia y del autor, deja de ser un anónimo.
Cuando una comunicación no despeja las incógnitas descritas en el párrafo anterior, se puede entender que es un documento apócrifo, falso e ilegal; por lo que, un investigador al recibir una epístola del tipo que nos ocupa, debe actuar con mesura y prudencia, antes de proceder a su análisis e interpretación, y por ende a su difusión. El análisis del contenido de un anónimo debe empezar por la coherencia de los morfemas que forman las palabras y su significado. Mediante el significado de la combinación de las palabras, surgen las frases, conteniendo sujetos y predicado, conjugados en primera, segunda o tercera personas. La interpretación de uno de los párrafos del contenido del anónimo, dará lugar a determinar el género del autor y si actuó por motu proprio, en grupo o por mandato de alguien. Quien se da a la tarea de preparar un anónimo, regularmente se percata de que el mensaje llegue a la persona o personas que desea fastidiar, molestar, perjudicar. Los anónimos nunca tienen buenas intenciones y quien lo envía lo sabe.
En nuestro país el uso de pasquines, como comúnmente se le llama a los anónimos, no es una práctica frecuente. Su difusión es limitada, ya que su radio de acción se circunscribe en ambientes específicos con objetivos muy particulares. Desde el punto de vista legal, carece de fuerza y justificación, al menos que el autor aparezca en escena, asumiendo su responsabilidad por el contenido del texto. Mientras se mantenga el anonimato del autor, la veracidad de la denuncia está en discusión.
La persona o grupo de personas que recibe y utiliza un documento que no identifica su procedencia ni su autor, debe tener mucho cuidado y prudencia si pretende usarlo como herramienta para atacar a aquel a quien se pretende dar a conocer datos e informaciones de situaciones o hechos de carácter confidencial.
Cuando nos referimos a quien recibe un anónimo, que debe actuar con prudencia para darle aquiescencia a ese tipo de documento, es porque el contenido regularmente refleja bajas pasiones, tales como, el egoísmo, la envidia u otorgarle sensacionalismo a situaciones que procuran llamar la atención del receptor. Pues, es muy raro que un anónimo se emita para mostrar bondad, amor, ternura. Su objetivo es dañar honras de la persona afectada.
Es recomendable que un receptor de un anónimo esté consciente del arma peligrosa que han puesto en sus manos y saber si debe utilizarla o no. Quien recibe el documento, debe ponerlo a conocimiento de un experto forense para analizar el perfil del remitente y sostener una entrevista con la persona afectada, para determinar cualquier tipo de vinculación con lo descrito en el texto del mensaje. Desde luego, todos estos pasos son inútiles, si el receptor del anónimo conoce la procedencia y quien lo envió.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense


