
El blindaje del corrupto
Existen personas que están más predispuestas que otras a cometer actos de corrupción, sin importar la clase social donde pertenezcan. “El ser humano es un animal con una tendencia biológica a la corrupción”, sostiene sin ambages Luis Fernández, profesor de psicología en la Universidad de Santiago de Compostela y autor del libro “Psicología de la corrupción y los corruptos…”. La oportunidad, la personalidad, el contubernio y el entorno donde se mueve el sujeto, es un camino fácil para iniciar un proceso delictivo.
Por tener tanto parecido con la situación que estamos viviendo los dominicanos en las últimas dos décadas, me tomo la libertad de reproducir un fragmento de una exposición del señor Juan Luis Cibrián, director del periódico El País: “El actual funcionamiento de nuestro régimen político favorece esos comportamientos punibles y si no se reacciona a tiempo (aunque en ocasiones parece ya tarde para hacerlo) amenaza implosionar, llevándose por delante lo que hasta ahora había sido el periodo de mayor libertad, estabilidad política y crecimiento económico de la historia de España”.
También Helena Rodríguez, directora del centro de psicología Psiconet de Madrid, indica que el comportamiento humano y los trastornos de personalidad señalan dos condicionantes: la personalidad narcisista y la antisocial. El rasgo predominante de la personalidad narcisista es el egocentrismo, es decir, utilizar a los otros para fortalecer su autoestima y satisfacer sus deseos. La personalidad antisocial, por su parte, conlleva una frialdad emocional, una carencia de ética y un comportamiento basado en el engaño y la manipulación, sin remordimiento por las consecuencias de sus actos.
La combinación de la personalidad narcisista y la antisocial permite encontrarnos delante de una persona egocéntrica y desde el punto de vista afectivo se muestra anestesiada. Su objetivo se centra en satisfacer una doble necesidad: sentirse superior a los demás y usar a éstos para conseguirlo. Por lo tanto, la ética para él no existe, sólo existe su ética. Es apoyándose en “su ética” dónde este tipo de persona encuentra la condición necesaria para no sentir ni la más mínima culpa ni arrepentimiento por ningún hecho. Paralelamente, su frialdad emocional y su inteligente locuacidad, permite a esta persona mostrarse públicamente como ferviente poseedora de una integridad y ética social inquebrantable, toda una simulación perfectamente diseñada para cumplir sus objetivos.
El corrupto cuando se manifiesta como un “lobo solitario”, regularmente no tiene el éxito deseado, pero sí cuando pertenece a un grupo delictivo, ya que el blindaje no es una condición que se adquiere como una mercancía, es el resultado de una conspiración que solo la puede ofrecer una mafia organizada. El blindaje no se estructura de manera individual, debe participar una malévola organización con suficiente poder, que permita encubrir, proteger y evitar el efecto de la incoación del proceso legal, enquistada en asociaciones privadas y públicas, organismos judiciales y congresuales; como ha sucedido en otras ocasiones con imputados de hechos corruptos, lo cual no esperamos que acontezca en esta ocasión.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA


