
Los sobornos y los sobrecogedores eslabones de la cadena de la corrupción
El pago a un funcionario público para ejecutar una acción u omitirla en favor de una persona, grupo o entidad, se conoce como cohecho, coima o soborno. Estas manifestaciones delictivas o indelicadezas, como a veces se quiere adornar, es un mal generalizado que no tiene fronteras ni clase social. Según el Banco Mundial, al través de sus investigaciones, cada año se pagan más de un billón de dólares por sobornos en el mundo, tanto en países ricos como en los pobres.
Como muestra de lo expresado en el párrafo anterior, las noticias internacionales cuentan que en Gran Bretaña la Rolls Royce llegó a un acuerdo con la fiscalía, de pagar 671 millones de libras esterlinas, para resolver la persecución en casos de soborno, con el propósito de ganar contratos en Indonesia, China, Brasil y otros lugares en el exterior. Siguiendo por Europa, en España el caso Gurtel, las Cajas B y las Tarjetas Negras, crearon una trama de sobornos y corrupción que todavía se mantienen en los tribunales de ese país. En Korea del Sur, el vicepresidente de la Samsung es perseguido por cargos de soborno, vinculado a una donación a un asesor del presidente de ese país para obtener los beneficios de una fusión.
En nuestro hemisferio la situación es crónica, especialmente en los países situados al sur de la Florida. El soborno se ha convertido un cáncer con características agresivas en México, Brasil, Argentina, Perú, Colombia, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Guatemala, Republica Dominicana. Etc. En los países mencionados, la estructura para ejecutar el soborno se aloja en la pirámide de mando del sector público, con una característica especial, que son los “sobrecogedores”. Es una especie que esta ubicada en el centro de la pirámide, cuya tarea primordial es “recoger los sobres” con el producto de la coima y entregarlos a los altos mandos para su posterior distribución. Dependiendo del “volumen de la operación”, es decir, la cuantía de dinero para hacer o no hacer, en favor de un tercero, el eslabón se rompe y los “sobrecogedores” son obviados en sus tareas de recoger los fondos.
En nuestro país, dos casos importados desde Brasil han permeado en la opinión pública dominicana, los Tucanos y las 19 obras de ingeniería de la empresa Odebrecht. Según las informaciones que circulan internacionalmente, la empresa brasileña Odebrecht, ha sido hallada culpable y pagará la multa más alta de la historia por sobornos. De acuerdo con el Departamento de Justicia de los Estados Unidos de Norteamérica, el representante de esa empresa declaró que dentro de la lista de países sobornados se encuentra la Republica Dominicana con 92.5 millones de dólares para sobornar a cambio de beneficios en la obtención de contratos para obras de ingeniería. Conforme a las pesquisas estadounidenses, Odebrecht habría creado una Unidad para llevar a cabo los sobornos. Varios países Latinoamericanos afectados por esta mala práctica, han sido más diligentes que nosotros, pues ya impusieron multas para resarcirse de los daños ocasionados.
En un articulo publicado en este mismo medio, el 30 de diciembre del recién pasado año, indicamos que la constructora Odebrecht había conseguido aumentar los valores de los presupuestos originales por 1,174.5 millones de dólares, por lo que las autoridades dominicanas que investigan este caso, no deben detenerse en exigir el duplo del valor que dijo esa empresa otorgó como soborno; o sea los 92.5 millones de dólares; más bien, el calculo de la compensación debe ser el equivalente de un 30 % del valor incrementado de las obras, para que el país pueda rescatar parte de lo pagado en exceso. De esta forma, se darán señales de que hay una voluntad política para enfrentar la corrupción y acabar con la cadena que alimenta el soborno, el cohecho y la coima, representada por los “sobrecogedores”, en cualquier vertiente que la acción se realice.
Por Julio Gutiérrez Heredia


